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En una tarde oscura

En una tarde oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh terrible ventura!,
salí sin ser notada,
estando mi casa ya alterada

a oscuras, e insegura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh terrible ventura!,
a oscuras y en celada,
estando mi casa ya alterada;

en la tarde ominosa,
en secreto, mi amada no veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía.

¡Oh tarde que guiaste!
¡Terrible más que el alborada!
¡Oh tarde que separaste
Amado de amada,
amada en el Amado revelada!

En mi pecho florido,
que entero para ella sola se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo lo regalaba,
y el ventalle de los cedros golpes daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano artera
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre la mano,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las promesas olvidado.

La tragedia del egotismo y la fidelidad de los dioses



Yazgo firme sobre estas piedras
aunque el viento sopla fuerte
y arranca la forma de estas ropas.
Albergo las mismas preocupaciones, como siempre,
las tentaciones de huir, o bien rendir a los fantasmas.
Forcejeo con una visión
que alterna oscuridad con tenues luces;
batallo con las palabras por el miedo que producen.
Y Orfeo duerme, permanece muerto al mundo.

Eventualmente la luz solar desciende, mis alas se despliegan enteras.
Hay cierta belleza aquí que no puedo negar,
Y botellas tiradas con mensajes que se han estrellado a mis pies,
¡Tantas personas de las que nunca me preocupé!
Por abajo, entre los restos del naufragio,
una fortaleza de placeres sin arrepentimientos;
los recursos de sobrevivencia tragados todos por la marea.
Pero Orfeo mantiene su promesa y permanece a mi lado.

¡Enséñame, tengo demasiado que aprender!
¡Comprende, estos fuegos no se consumen!
¡Créeme!, cuando esta broma agote su gracia
escucharé a la promesa de Orfeo cantar.

¡Sueña mientras conduzco la barca!
No importa si hay mal tiempo, ya abandoné la esperanza.
Todos los obstáculos que siento en las entrañas
fueron aceite para el fuego, paja para acostarme.
Las voces aún entrañan relatos
sobre las guerras en el cielo y el infierno,
pero me siento seguro ante tan terribles sueños
si Orfeo canta la promesa que traerá mañana.

¡Cuéntame, tengo tanto que escuchar!
¡Comprende, no cesa de arder mi interior!
¡Por favor créeme!, cuando la dicha haya perdido su peso
escucharé de Orfeo la promesa.