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Don de sí: leer a Bataille



El pensamiento de Bataille es, pues, irremediablemente paradójico, y el encuentro con él es siempre peculiar y enigmático. Lo que nos abisma en él es el vértigo que surge de la "comunicación"2 de lo imposible y lo posible, el salto fugaz del exterior en el interior y viceversa. Más allá de sus atrevidas interpretaciones de la sociedad y del hombre que nos ofrece, es la invitación al derroche de la propia razón y la destrucción de la representación de sí mismo lo que mantiene atrapado sin amarras en la tensión de su lectura. Así como la palomilla encandilada vuela libre y, al mismo tiempo, prisionera de la luz de la lámpara, así se consume el pensamiento en la alucinante a-discursividad del discurso batailleano. Así, pues, lo que mantiene en el discurso batailleano es la posibilidad del no-saber y, a su vez, el no-saber-se: "como la desdichada mosca, obstinada en el cristal, me mantengo en los confines de lo posible, y heme aquí perdido en las fiestas del cielo, agitado por una risa infinita"

http://docs.google.com/Doc?id=dfpj722b_13djz5qffg

Un acontenciomiento imprevisible












Imagen: Stelarc

Todo el dilema está en esto: o bien la simulación es irreversible y no hay un más allá de la simulación, no hay un acontecimiento, es nuestra banalidad absoluta, una obscenidad de todos los días, el nihilismo definitivo y nos preparamos para una repetición insensata de todas las formas de nuestra cultura en espera de un nuevo acontecimiento imprevisible –¿pero de dónde podría venir?–; o bien hay por lo menos un arte de la simulación, una cualidad irónica que resucita cada vez las apariencias del mundo para destruirlas.

Jean Baudrillard,
"Duelo", Fractal
n° 7