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La tragedia del egotismo y la fidelidad de los dioses
Yazgo firme sobre estas piedras
aunque el viento sopla fuerte
y arranca la forma de estas ropas.
Albergo las mismas preocupaciones, como siempre,
las tentaciones de huir, o bien rendir a los fantasmas.
Forcejeo con una visión
que alterna oscuridad con tenues luces;
batallo con las palabras por el miedo que producen.
Y Orfeo duerme, permanece muerto al mundo.
Eventualmente la luz solar desciende, mis alas se despliegan enteras.
Hay cierta belleza aquí que no puedo negar,
Y botellas tiradas con mensajes que se han estrellado a mis pies,
¡Tantas personas de las que nunca me preocupé!
Por abajo, entre los restos del naufragio,
una fortaleza de placeres sin arrepentimientos;
los recursos de sobrevivencia tragados todos por la marea.
Pero Orfeo mantiene su promesa y permanece a mi lado.
¡Enséñame, tengo demasiado que aprender!
¡Comprende, estos fuegos no se consumen!
¡Créeme!, cuando esta broma agote su gracia
escucharé a la promesa de Orfeo cantar.
¡Sueña mientras conduzco la barca!
No importa si hay mal tiempo, ya abandoné la esperanza.
Todos los obstáculos que siento en las entrañas
fueron aceite para el fuego, paja para acostarme.
Las voces aún entrañan relatos
sobre las guerras en el cielo y el infierno,
pero me siento seguro ante tan terribles sueños
si Orfeo canta la promesa que traerá mañana.
¡Cuéntame, tengo tanto que escuchar!
¡Comprende, no cesa de arder mi interior!
¡Por favor créeme!, cuando la dicha haya perdido su peso
escucharé de Orfeo la promesa.
Danza acuífera
¡Dancemos en la agitada mar!La espuma virgen amamanta nuestra dermis
el vaivén libera los artilugios:
los serviles ojos de fervor mundano.
Esta noche serán presa de periñas
¡pero qué importa!
Estaremos desnudos.
Desnudos con la piel cocida de sal
con la fría oquedad en el rostro,
entre larvas marítimas y blanca arena.
¡Dancemos en la devastadora mar!
¡Terminemos con el insulto de la vida!
El agua quema nuestro último vestigio de hombres.
¡Estamos solos!
¡Tú y yo solos!
Inicia la inmensidad, nuestros mantos se han ido.
No tenemos nombre ni origen,
no necesitamos de los cuerpos
para bailar sin antifaces
nuestra danza nocturna.
Yelenia Cuervo
Encratismo
E s c e p t i c i s m o d e l c u e r p o , r e c h a z o d e l a v i d a . T e n g o m i e d o a d e s a t a r e l d i l u v i o p o r s e g u n d a v e z , n e c e s i t o c o n t e n e r m e , d e b o m a n t e n e r l a s s e m i l l a s d e l a t r i s t e z a a q u í , e n l a o s c u r i d a d . N o m á s p r o c r e a c i ó n , n o m á s l i t u r g i a s h i e r o g á m i c a s . D e b o s u d a r h a c i a d e n t r o , l o l o g r a r é u n d í a , l a t i e r r a m o r i r á d e s e d . S e a . T a n t a t r i s t e z a c o m o s e m e n e n m i c u e r p o . C a s t i d a d . N o l u c h o m á s . E l b l a n c o i n s e n s a t o r í o d e l a v i d a m i n a l a s c o m p u e r t a s . H e y B u d a , m o r i r á s d e i n d i g e s t i ó n u n d í a . H e y C r i s t o ¿ h a v a l i d o l a p e n a t u m a s t u r b a c i ó n ? E n l a s i g l e s i a s d e b e r á n e d i f i c a r s e c a n t i n a s , p a r a a l u c i n a r s e n t i d o s . E n l o s p r o s t í b u l o s d e b e r á n e d i f i c a r s e c a p i l l a s , p u e s d e b e r á n m a r c a r s e l o s l u g a r e s s a n t o s . Y a l r e d e d o r d e a m b a s , c e m e n t a r i o s , o l v i d o , l á g r i m a s d e p i e d r a . C i n t u r ó n g e n u i n o d e m i s e r i a . C u a n d o D i o s s e l e v a n t e d e e n t r e l o s m u e r t o s s a b r e m o s q u e h e m o s b e b i d o m u c h o a l c o h o l , n o s e n a m o r a r e m o s , e n l a b a n c a d e l e t e r n o r e t o r n o , a c a r i c i a r e m o s n u e s t r a s m a n o s , b e s a r e m o s l o s b e s o s d e s u b o c a , c a n t a r e m o s j u n t o s l a m e l o d í a d e l a B e l l e z a , n u e s t r o s o j o s q u e r r á n c l a u s u r a r l a l u z , s e e n c e n d e r á e l f r í o e n l a p i e l , e l t r a n s p o r t e s e r á d e l i c i o s o , c o m o c u e r d a d e c a r i c i a s p a s a d a e n t r e l a s p i e r n a s , c e s a r á t o d o y n o s a b a n d o n a r e m o s , n o s r e c a r g a r e m o s e n a l g u n a l á p i d a , n o s p e n e t r a r e m o s c o n l a v i o l e n c i a d e l a v i d a , y y a c o n l a m i r a d a p e r d i d a a l u c i n a r e m o s .
El rito del sol negro


abajo
al pie del declive amargo
cruelmente desesperado del corazón
se abre un círculo con seis cruces
abajo muy abajo
como encajado en la tierra madre
pero desgarrado del abrazo inmundo de la madre
que babea
el suelo de negro carbón
es el único lugar húmedo
sobre esta inmensa piedra
y allí
hay seis hombres
uno por cada sol
y un séptimo hombre
vestido de negro y carne roja
encarna al sol más violento
este séptimo hombre
es un caballo
un caballo con un hombre que lo acompaña
pero el caballo
es el sol
no el hombre
a ritmo desgarrador de un tambor y una larga y extraña trompeta
los seis hombres
que estaban recostados
enroscados a ras de la tierra
brotan sucesivos
como girasoles
suelos que giran
lotos de agua
y cada brote
se corresponde con el gong cada vez más sombrío
y contenido
del tambor
hasta que de pronto se ve llegar a todo galope
con una velocidad de vértigo
al último sol
al primer hombre
al caballo negro
y sobre él
un hombre desnudo
todo desnudo
y virgen
después de saltar avanzan describiendo
meandros circulares
el caballo de carne sangrante enloquece
y caracolea sin cesar
en la cima del risco
hasta que los seis hombres
terminan de rodear
las seis cruces
la mayor tensión del rito
es precisamente
la abolición de la cruz
cuando terminan de girar
arrancan
las cruces de la tierra
y el hombre desnudo
sobre el caballo
enarbola
una inmensa herradura
empapada
en la sangre de una cuchillada...
Antonin Artaud, Para acabar con el juicio de Dios, 1947

Mi amigo
Amigo mío, no soy lo que parezco. Mi apariencia es sólo un traje que visto, traje cuidadosamente tejido que me protege de tu curiosidad, y a ti de mi negligencia.
Amigo mío, el YO en mí, mora en la casa del silencio, y en ella vivirá para siempre inadvertido, inaccesibe.
No quisiera hacerte creer en lo que digo ni confiar en lo que hago, porque mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos en sonido, y mis hechos tus propias esperanzas en accción.
Cuando tú dices: "El viento sopla hacia el Este", yo digo: "Sí, sopla hacia el Este"; porque no quisiera hacerte saber que mi mente no mora sobre el viento, sino sobre el mar.
Tú no puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni yo quisiera entenderte a ti. Querría estar a solas en el mar.
Cuando es día para ti, amigo mío, es noche para mí: no obstante, hablo del mediodía que danza sobre las colinas y de la sombra purpúrea que cruza sigilosamente el valle; porque tú no puedes oir los cantos de mi oscuridad ni ver cómo mis alas baten los astros. Yo no quisiera dejarte oír ni ver. Querría estar a solas con la noche.
Cuando tu asciendes a tu cielo yo desciendo a mi infierno. Aún entonces tú me llamas a través del infranqueable golfo: "Mi compañero, mi camarada", porque no quisiese que vieras mi infierno. La llama quemaría tu vista y el humo obstruiría tu olfato. Y amo mi infierno demasiado para dejar que tú lo visites. Querría estar a solas en el infierno.
Tú amas la Verdad, la Belleza y la Justicia; y por tu bien te digo que es bueno y de buen parecer amar estas cosas. Pero en mi corazón me río de tu amor. Sin embargo, no quisiera dejarte ver mi risa.
Querría reír a solas.
Amigo mío, tú eres bueno, cauto y sabio; es más, eres perfecto; y yo también hablo contigo sabia y cautelosamente. Y sin embargo, estoy loco. Pero disimulo mi locura. Quisiera ser loco a solas.
Amigo mío, tú no eres mi amigo, pero ¿cómo hacertelo entender? Mi camino no es el tuyo; sin embargo, caminamos juntos, con las manos unidas.
Gibran Jalil Gibran
Amigo mío, el YO en mí, mora en la casa del silencio, y en ella vivirá para siempre inadvertido, inaccesibe.
No quisiera hacerte creer en lo que digo ni confiar en lo que hago, porque mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos en sonido, y mis hechos tus propias esperanzas en accción.
Cuando tú dices: "El viento sopla hacia el Este", yo digo: "Sí, sopla hacia el Este"; porque no quisiera hacerte saber que mi mente no mora sobre el viento, sino sobre el mar.
Tú no puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni yo quisiera entenderte a ti. Querría estar a solas en el mar.
Cuando es día para ti, amigo mío, es noche para mí: no obstante, hablo del mediodía que danza sobre las colinas y de la sombra purpúrea que cruza sigilosamente el valle; porque tú no puedes oir los cantos de mi oscuridad ni ver cómo mis alas baten los astros. Yo no quisiera dejarte oír ni ver. Querría estar a solas con la noche.
Cuando tu asciendes a tu cielo yo desciendo a mi infierno. Aún entonces tú me llamas a través del infranqueable golfo: "Mi compañero, mi camarada", porque no quisiese que vieras mi infierno. La llama quemaría tu vista y el humo obstruiría tu olfato. Y amo mi infierno demasiado para dejar que tú lo visites. Querría estar a solas en el infierno.
Tú amas la Verdad, la Belleza y la Justicia; y por tu bien te digo que es bueno y de buen parecer amar estas cosas. Pero en mi corazón me río de tu amor. Sin embargo, no quisiera dejarte ver mi risa.
Querría reír a solas.
Amigo mío, tú eres bueno, cauto y sabio; es más, eres perfecto; y yo también hablo contigo sabia y cautelosamente. Y sin embargo, estoy loco. Pero disimulo mi locura. Quisiera ser loco a solas.
Amigo mío, tú no eres mi amigo, pero ¿cómo hacertelo entender? Mi camino no es el tuyo; sin embargo, caminamos juntos, con las manos unidas.
Gibran Jalil Gibran
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