Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece Todo vuelve a ser polvo Pero la cueva preservó su entierro Aquí están alineados cada uno con su ofrenda los huesos dueños de una historia secreta Aquí sabemos a qué sabe la muerte Aquí sabemos lo que sabe la muerte La piedra le dio vida a esta muerte La piedra se hizo lava de muerte Todo está muerto En esta cueva ni siquiera vive la muerte |
Caverna
La muerte reina sobre todo
Libro de Chilam Balam de Chumayel
Universidad Nacional Autónoma de México, Biblioteca del Estudiante Universitario, México, 1941, p. 87
Gozo de morir para ser
Rafael Argullol, El héroe y el único. El espíritu trágico del romanticismo, Madrid, 1982, Taurus, pp. 306-307.
γνωθι σαυτον
La sabiduría délfica fue manoseada por nuestras tecnologías racionales haciéndola pasar por una invitación a la verticalización del yo. He aquí una versión horizontalizante del oráculo, quiebre del mundo, agotamiento del sujeto.
(Imagen: Museo Nacional de Roma)
Agua tan doliente que parece muerta
Ferdinand Keller, Tumba de Böcklin, 1901-1902
El agua de los viejos canales es débil y mental,
triste, en medio de las antiguas ciudades…
Agua tan doliente que parece muerta.
¿Por qué tan desnuda y tan nada? ¿Y qué hace
en su somnolencia, en sus sueños sombríos,
para no ser más que un traidor espejo del rocío,
en el que, incluso, a la luna le cuesta vivir?
Georges Rodenbach
Gastronomía gore, estrategia del desapego







Se trata de una panadería de Thailandia, en la provincia de Ratchaburi (100 km al oeste de Bangkok).
Yacimos en el abismo y observamos lo profundo...
He sepultado a mi amor en una verde tumba,
hundido en el helecho profundo,
dos halcones volaron arriba ahí,
uno chocó con el otro fuertemente,
y gotas rojas cayeron,
y gotas rojas cayeron.
Hasta que el velo caiga,
hasta que el silencio quiebre,
permanece a mi lado,
por favor no me despiertes.
Hasta que el invierno pase,
hasta que el día claree,
permance a mi lado,
Por favor no me despiertes.
Permance a mi lado
Por favor no me despiertes.
Encontré a mi amor la noche siguiente,
entre los animales del bosque despertó,
dos halcones nos guiaron entre sueños,
Y nos arrebataron de estas profundidades.
Hasta que el velo caiga,
hasta que el silencio rompa,
permanece a mi lado,
por favor no me despiertes.
Hasta que el invierno pase,
hasta que el día empiece,
permance a mi lado,
Por favor no me despiertes,
permanece a mi lado,
por favor no me despiertes,
Hemos permanecido unidos hasta el final de la noche,
hemos sido los mismos espíritus que invocamos,
yacimos en el abismo y observamos lo profundo,
pero las profundidades ya no pueden sujetarnos más.
Hasta que el velo caiga,
hasta que el invierno pase,
hasta que el silencio quiebre,
permanece a mi lado.
Hasta que el velo caiga,
hasta que el invierno pase,
hasta que el silencio cese,
permanece a mi lado.
Hasta que el velo caiga,
hasta que el invierno pase,
hasta que el silencio quiebre,
permanece a mi lado,
Por favor no me despiertes.
Petit mort y exceso vital del discurso
Criminalidad mexicana y ritos funerarios
Elementos del Ejército y policías ministeriales que atendían una denuncia ciudadana encontraron durante la noche del jueves al viernes un cadáver momificado ante un altar, así como los restos de cuatro personas enterradas en un traspatio con crucifijos clavados al revés y por los costados, en una casona aparentemente abandonada de la calle Juárez, de la comunidad de Coatepec, municipio michoacano de Zitácuaro.
Según reportes oficiales, el cadáver momificado estaba cubierto de vendas, tocado con gorra militar y sentado ante una mesa o altar, donde también había trozos de velas, imágenes y figuras de la muerte; mientras los otros cuatro yacían enterrados bajo un árbol, acomodados en forma de cruz. También había otros restos óseos, vestimenta tipo militar y de la policía federal, un cargador de fusil AK-47, un arma de fabricación casera y despojos de gallinas, guajolotes, borregos, patos y sapos ofrecidos en sacrificio.
http://www.jornada.unam.mx/2009/07/04/index.php?section=politica&article=010n1pol
Zitácuaro, Michoacán.- Al más puro estilo de los cuentos de terror, autoridades federales y estatales descubrieron una finca en donde se sacrificaba a personas y animales con supuestos fines de santería.
En el lugar fueron descubiertos los restos de cinco personas que murieron sacrificadas por razones y bajo circunstancias aún no claras.
En una de las áreas de la propiedad las autoridades encontraron una especie de altar, en el que destacaba el cuerpo de un hombre en estado de momificación.
La víctima era del sexo masculino, de entre 35 y 40 años de edad. Presentaba un orificio de bala que ingresó por la nuca y tuvo orificio de salida por la frente.
Quienes le dieron muerte vendaron el cuerpo en su totalidad, de pies a cabeza, para momificarlo y colocarlo como figura central de un altar que las autoridades localizaron en una de las habitaciones.
La "momia" quedó en posición de descanso, sobre una silla que a su vez estaba colocada encima de una mesa.
Lo visto por las autoridades que encabezaron el operativo no tiene precedentes en la historia reciente de la entidad.
Al lado del altar principal había una colección de veladoras de todos tamaños, colores y estilos, destacando una pieza enorme en color rosa.
También había pieles de animales, al parecer borregos, así como sapos muertos y muchas flores.
La finca fue localizada como parte de una investigación judicial, basada en la averiguación previa penal 236/2009-III, en la tenencia Coatepec de Morelos, en el municipio de Zitácuaro.
La construcción se reduce a dos habitaciones, pues lo demás es terreno y huerta de árboles frutales.
Fue en la huerta donde las autoridades federales y estatales descubrieron más restos humanos. En total contabilizaron cuatro osamentas en igual número de fosas clandestinas.
Las cuatro fosas forman una especie de cruz y se localizaron en torno a un árbol de pirul, el cual sobresale por su altura del resto de la vegetación que había en el lugar.
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El discurso de la muerte es el duelo ante el silencio
…from this instant,
there’s nothing serious in mortality:
all is but toys: renown and grace is dead;
the wine of life is drawn…
-Shakespeare-1
El discurso perverso de la muerte
La muerte es lo absolutamente otro que no puede ser experimentado dado que es la negación de todo lo que el hombre es2. Éste último, por su parte, en su pretensión por otorgarle sentido a la muerte, la traslada de lo absolutamente otro a un entrelazado simbólico. Sin embargo, dado que la muerte implica de suyo silencio y por ende la ruptura violenta de lo continuo, no podrá ser experimentada a partir de la construcción de un discurso unívoco. El discurso que se elabore en torno a la muerte será un discurso perverso capaz de trasladar al individuo hacia el terreno tortuoso de la angustia ante el silencio.
Por otro lado, enunciar la muerte es la pretensión del hombre por trasladarla de su no-posibilidad de ser experimentada físicamente, a un terreno discursivo, haciendo con ello uso del orden del entretejido sintagmático3. En la medida en que se enuncia a la muerte apelando a dicho orden, su enunciación será también, en gran medida, el acallamiento del hombre. Tanto más se interna éste dentro del orden sintagmático, cuanto más limitado y silenciado en su creación discursiva. Así, dado este silenciamiento, el hombre se encuentra siendo parte de una lucha constante frente a la muerte, se enfrenta a la angustia de no ser silenciado por su propia pretensión de emerger del discurso. En adelante, el hombre emprende una lucha ya no sólo frente a su muerte física, sino también discursiva. Es así que el discurso, y con él el hombre, se afirmará en la medida en que es llevado hasta el máximo de su intensidad, hasta el límite de su propia muerte, a su silencio. Llevándolo hasta su propio sacrificio.
La pregunta que en adelante cabrá hacernos es la siguiente: ¿qué es lo que mantiene al individuo en el límite de su propia posibilidad discursiva? Es quizá a través del trabajo del duelo que el individuo se coloca en los límites de su propia posibilidad discursiva. A partir de la muerte, del silencio del otro, el individuo, el yo, se afirma como una posibilidad discursiva. Sin embargo, es también en la muerte física y discursiva del otro como el individuo afirma su propia muerte, su propio silenciamiento. Es así que esta afirmación –enunciación– y negación –ser acallamiento– del individuo a partir de la muerte del otro, se presenta como angustia que deviene en el trabajo del duelo y que es superada, al menos en apariencia, por medio de la poesía, quien posee la facultad de transgredir el discurso.
Desde esta perspectiva, la práctica del duelo es un intento por pretender ser oído, es parte de este ‘querer permanecer en el sintagma’ aún siendo en lo absolutamente otro, aún siendo en el silencio. Así pues, el trabajo de duelo posibilita la experiencia del discurso de la muerte, en tanto que hay otro que puede dar cuenta de ello, pero la presencia de ese otro sólo se afirma en la medida en que se encuentra también siendo parte del límite de su propia posibilidad discursiva, en la medida en que él es también, en sentido heideggeriano, un ser-para-la-muerte que se angustia ante la posibilidad de ser acallado por el propio lenguaje. Es, pues, por medio de la poesía que el silencio será trasladado al ámbito discursivo y éste último a su vez podrá ser también en el silencio. El trabajo del duelo, en última instancia, afirma en el individuo su pretensión por salir del silencio sintagmático para poder permanecer en el otro aún siendo en lo absolutamente otro.
Seguir la lectura: http://docs.google.com/Doc?id=dmzdrr2_118dbnbw29v
[Secciones: El discurso de las instituciones; El silencio, (a)filiación al entretejido sintagmático; La poesía… en camino hacia la angustia; El trabajo del duelo es preservar al que muere; Bibliografía]
La súplica a Samas
Gilgamesh le dice, al valiente Samas:
«Después de andar (y) errar por la estepa, ¿Descansará mi cabeza en el corazón de la tierra Para dormir a través de todos los años? ¡Deja que mis ojos contemplen el sol, A fin de que me sacie de luz! La oscuridad se retira cuando hay luz suficiente. ¡Ojalá el que esté en verdad muerto vea aún el resplandor del sol!»





