Máscara de la noche
Encratismo
Obra maestra
El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad. No retrocede ni avanza.
Para avanzar, necesita ser padre. Y la paternidad asusta porque sus responsabilidades son eternas.
Con un hijo, yo perdería la paz para siempre. No es que yo quiera dirimir esta cuestión con orgullos o necias pretensiones. ¿Quién enmendará la plana de la fecundidad? Al tomar el lápiz me ha hecho temblar el riesgo del sacrilegio, por más que mis conclusiones se deriven, precisamente de lo que en mi puede haber de clemencia, de justicia, de vocación al ideal y hasta de cobardía.
Espero que mi humildad no sea ficticia, como no lo es mi miedo de dar a la vida un solo calificativo: el de formidable.
en acatamiento a la bondad que lucha con el mal, quisiera ponerme de rodillas para seguir trazando estos renglones temerarios. Dentro de mi temperamento, echar a rodar nuevos corazones sólo se concibe por una fe continua y sin sombras o por un amor extremo.
Somos reyes, porque con las tijeras previas de la noble sinceridad podemos salvar de la pesadilla terrestre a los millones de hombres que cuelgan de un beso. La ley de la vida diaria parece ley de mendicidad y de asfixia; pero el albedrío de negar la vida es casi divino.
Quizá mientras me recreo con tamaña potestad, reflexiona en mí la mujer destinada a darme el hijo que valga más que yo. A las señoritas les es Concedido de lo Alto repetir, sin irreverencia, las palabras de la Señora Única: “He aquí la esclava”… Y mi voluntad, en definitiva, capitula a un golpe de pestaña.
Pero mi hijo negativo lleva tiempo de existir. Existe entre la gloria trascendental de que ni sus hombres ni su fuente se agobien con las pesas del horror, de la santidad, de la belleza y del asco. Aunque es inferior a los invertebrados, en cuanto que carece de la dignidad del sufrimiento, vive dentro del mío como el ángel absoluto, prójimo de la especie humana. Hecho de rectitud, de angustia, de intransigencia, de furor de gozar y de abnegación, el hijo que no he tenido es mi verdadera obra maestra.
Ramón López Velarde
Sol Niger
Luz eclipsada y fulminante
Fecundidad, crueldad, es la imagen de la muerte y juega un papel de psicopompo: los difuntos se representaban a veces en Egipto en forma de cocodrilos. Se parece a los grandes hidrosaurios prehistóricos y a los dragones de las leyendas: en tal sentido, es el amo de los misterios de la vida y de la muerte, el gran iniciador, el símbolo de los conocimientos ocultos, la luz alternativamente eclipsada y fulminante"
Jean Chevalier, Diccionario de símbolos, Herder, Barcelona
La existencia sin valor
Abi-L-Khayr, Las cuarenta estaciones del alma, EDAF, Madrid, 2006, p.84
Amours qui m'ont crucifié!
L'
¡El otoño, y
Otoño. Nuestr
Arthur Rimbaud
Una saison en enfer
"Adieu"
(tr. Juan Abeleira, ed. Hiperión)
Bravo!
"La sensación de querer desplomarse es más densa que nunca antes, la vacuidad rebosando, ávido Tánatos tan cercano. Todo está impregnado de un aroma funerario, las personas, sus sonrisas, las lecturas, los amantes, las frases tiernas... No hay más satisfacción. Me pregunto si debo buscarla, me respondo: nada es satisfactorio. Todo cambia. Nada permanece en su sitio. Gran vértigo que hincha sus venas con nuestras penas. Sabio el sileno que enseñó que lo mejor es no nacer, y lo segundo mejor es morir pronto. Y el mundo no se detuvo, su marcha siguió, impúdico mecanismo de la vida crispado en mórbida curiosidad por la tragedia humana. ¿Tragedia? No... no creo, es más bien un viento helado que cubre los rostros detrás de gruesas capas de hielo. No hay tragedia, sólo frío. Incapacidad de asir dos minutos un sentimiento grato. Mis sonrisas se han convertido en signos del absurdo. Me gusta sonreír. Sonreír siempre y a todos. Muy pocos son los hábiles en percibir el gran hedor que emana de mis fauces, de mis horneadas entrañas en descomposición. Nihil in vitam pulchro est. Nos ensuciamos en el cieno de las bajas pasiones y de las palabras sin sentido. Pues todo lo que tiene origen/ Merece ser destruido/ Más valdría, por tanto, que nada naciera/ Así pues, todo lo que llamáis pecado/ Destrucción, en resumen, el Mal/ Es mi propio elemento. Ya, ya lo sé, también es insensato el afán mortuorio. Por mí que brille el sol, que nazcan los apresurados fetos, que nuevas generaciones sucedan a las viejas, que las mujeres bellas ofrezcan su aquilatado cuerpo al “amor verdadero”, que los parques se saturen de Sentidos. Bravo!..."
Octubre es febrero
¡Con qué elegancia febrero abraza vidas y muertes, Carnavales, lutos, mi vida y mi desgracia!
Las penitencias salen a las calles, y el salón del alma se vacía,
Resuena en las oquedades sólo un llanto,
Mi conciencia torturada, pálida, contempla la sangre en sus manos,
Se iguala con el mundo, está sorda y fría.
Existe una espiral que asciende y se olvida, exhala culpas,
Se entrega a un dios asesino que se burla,
La vida bulle en febrero y le salen gusanos de niebla,
Gélido semen que se riega impersonal,
Cae adentro y no molesta más la fragancia de mi esencia:
Soy el hombre inverso.
Aún preguntan por mi madre, sabia hermosa,
Que golpeó la tierra justo en la mitad de febrero,
Respondo que no sé donde está. ¡No sé!
¡En verdad no lo sé!
Se escapa como éter, asma, llanto, semen,
En los elegantes días nublados de febrero.
El cosquilleo del equinoccio es descubierto,
¡Bah! Me aburro de este círculo.
Las venas se secarían si no fuera por el terco pneuma
Que hincha aún las arterias y encona al oído arrodillado,
¡Triste! Mil veces triste, castigado.
…
Me vacío y me lleno en febrero,
Mis huéspedes también se aburren entre tantos círculos
Y elipses. Imposible la culpa. Candor por los que entran,
Ojos enterrados en la vergüenza por los que salen.
¡Aquí tampoco está Dios!
Farrai un vers de dreit nien
Farai un vers de dreit nien:
Non er de mi ni d’autra gen,
Non er d’amor ni de joven,
Ni de ren au,
Qu’en fo trobatz en durmen
Sus un chivau.
No sai en qual hora.m fui natz,
No sois estranhns ni soi privatz,
Ni no.n puesc au,
Qu’en enaisi fui de nueitz fadatz
Sobr’un pueg au.
No sai cora.m endormitz,
Ni cora.m veill, s’om no m’o ditz;
Per pauc no m’es lo cor paritz
D’un dol corau;
E no m’o pretz una fromitz,
Per Saint Marsau!
Malautz soi e cre mi morir;
e re no sai mas quan n’aug dir.
Metge querrai al mieu albir,
e no’m sai tau;
bos metges er, si.m pot guerir,
mor non, si amau.
Amigu’ai ieu, non sai qui s’es:
c’anc no la vi, si m’aiut fes;
ni.m fes que.m plassa ni que.m pes,
ni no més cau:
c’anc non ac norman ni franses
dins mon ostau.
Anc no la vi era m la fort;
anc no n’aic dreit ni no.m fes tort;
quan no la vei, be m’en deport;
no’m prez un jau:
qu’ien.n sai gensor e belazor,
e que mais vau.
No sai lo luec on s’esta,
si es en pueg ho es en pla;
non aus dire lo tort que m’a,
abans m’en cau;
e peza.m be quar sai rema,
per aitan vau.
Fait ai lo vers, no sai de cui;
e trametrai lo a celui
que lo.m trametra per autri
enves Peitau,
que.m tramezes del sieu estui
la contraclau.
Haré un verso sobre absolutamente nada:
No será sobre mí ni sobre otra gente,
No será de amor ni de juventud, ni de nada más,
Sino que fue trovado durmiendo sobre un caballo.
No sé en qué hora nací, no estoy alegre ni triste,
No soy arisco ni soy sociable,
ni puedo ser de otro modo,
porque así fui hechizado de noche sobre una alta montaña.
No sé cuándo estoy dormido ni cuando velo, si no me lo dicen;
Por poco se me quiebra el corazón por un cordial dolor;
Y ello no me importa una hormiga,
Por San Marcial.
Estoy enfermo y temo morirme; y sólo sé lo que oigo decir.
Buscaré médico a mi capricho, y no sé de ninguno así;
Será buen médico si puede curarme,
Pero no lo será si empeoro.
Tengo amiga, no sé quién es:
Pues nunca la vi, a fe mía,
Ni hizo nada que me pluguiera ni que me pesara,
Y no me importa: porque nunca hubo normando ni francés
Dentro de mi casa.
Nunca la vi y la amo mucho;
nunca tuve de ella favor ni me hizo ofensa;
cuando no la veo, me lo tomo en broma:
no me importa un gallo.
Porque sé de una más gentil y más hermosa y que más vale.
No sé si el lugar hacia donde vive está en la montaña o está en el llano;
No oso decir lo injusta que es conmigo, antes bien me callo;
Y pésame mucho que ella se quede aquí,
Y por esto me voy.
He hecho el verso, no sé sobre quién;
Y lo enviaré a aquel que,
Por medio de otro, lo enviará de mi parte hacia Peitieu,
Para que me envíe la contraseña de su estuche.
Guilhem de Peitieu
principios del siglo XII
Ceremonia solitaria alrededor de un tintero
Todo el mundo huye de mi corazón
Porque parece un cocodrilo. Todo el mundo dice
Que no soy un hombre sino un árbol derribado. Nadie sabe
Que entre mis ojos de niño y mi pecho cansado
Hay solamente musgo, llanto, flores indecibles,
Versos que parecen de oro puro
Y no son sino fragmentos de una estrella de papel.
No es culpa mía si estoy hecho de cristales amargos,
De irremediable ceniza y líquidos ardientes
Que se disputan mi ternura y sin cesar empujan
Dolorosas poleas, émbolos y ruedas escarlata.
Soy solamente un puñado de tierra que tropieza,
Un insolente juguete de cabellos negros
Y dientes amarillos. No es culpa mía
Si no parezco de carne y hueso, si bajo mi sombrero
Y mi pantalón gastado palpita un cielo puro,
Si todo el mundo dice que no amo a la gente
porque me pongo una corbata y observo el firmamento,
O porque estoy hecho de sustancias aciagas,
De sonrientes materias que sollozan y sollozan
Y sollozantes materias que sonríen y sonríen.
Soy solamente un animal que escribe y se enamora,
Un laberinto de células y ácidos azules,
Una torre de palabras que nunca llega al cielo
Porque no toca ni se apoya en los luceros,
Sino en mi pobre corazón siempre en tinieblas,
Siempre en el fondo de un tintero,
Como si fuera un cocodrilo .
Jorge Eduardo Eielson
Las ventajas del hielo
no podían menos de ser sutiles, misteriosos y de un hondo entendimiento,
tan profundos que no se los podía conocer.
De ahí que se los elogiara:
vacilantes,
como quien cruza un río en pleno invierno;
precavidos,
como quien teme a todos sus vecinos;
discretos,
como huésped;
frágiles,
cual hielo que se derrite;
sencillos,
como un leño;
confusos,
cual turbias aguas.
...
El que abraza este Tao no busca una gran satisfacción
Lao Tsé
Tao Te Ching
Ms. Goudian, A5
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La fin de Satan
A través del universo escucho la palabra ¡Vete!
Hasta los cerdos le dicen al estiércol yo desprecio a Satán.
Una vez yo fui la pura luz de la alborada.
¡Yo! Yo era el arcángel de la frente espléndida…
Pero tenía envidia. Ése fue
Mi crimen. La palabra fue dicha, la divina boca
Me declaró malvado. Y Dios me escupió en el foso.
¡Ah! ¡Lo amo! ¡Ese es el horror, ésa la quemante llama!
¿Qué será de mí, abismo? ¡Amo a Dios!
El infierno es su eterna ausencia.
El infierno es amar, gritar, ¿Dónde está mi luz,
Dónde mi vida, dónde mi iluminación?
[Cuando acababa de caer, yo me jactaba]:
Este Dios, el corazón del mundo, este brillante Padre
A quien ángel, estrella, hombre y bestia llevan dentro,
Este pastor que acoge a su grey de criaturas,
Este ser, la fuente de la vida, el único y verdadero,
El único necesario…
Puedo vérmelas sin él, yo, el gigante castigado…
Pero aún así ¡lo amo!...
¡Yo sé la verdad! Dios es corazón y no es espíritu;
Centro de amor del mundo,
Conecta con sus divinas fibras
Los filamentos y raíces de cuanta cosa vive.
[Dios ama a cada criatura]
Excepto a Satán, para siempre rechazado, triste, condenado.
Dios me deja fuera, termina en mí, soy su frontera.
Sería infinito, Dios, si yo fuera…
Cien y cien veces lo repito:
¡Yo amo! Dios me tortura, pero mi única blasfemia,
Mi locura y mi único lamento es decir ¡yo amo!
Mi amor es suficiente para que el cielo tiemble.
Pero en vano
Victor Hugo
Yazgo estéril
CON LA MIRADA DE SANGRE SECA
CANSADA DEL BAILE CROMÁTICO DE LAS COLMENAS
Y ME UNTO TODOS LOS HASTÍOS NOCTURNOS
EN ESTE CUERPO INMOLADO POR LA VACUIDAD.
YAZGO SECO,
CON EL VIEJO RITMO DE LOS GOLPES EN LA TIERRA,
LODO FIEL EN EL QUE UNJO MIS MIRADAS
Y TALLOS DISECADOS DE IRREDENTO VERDOR,
CON ESTA SOMBRA QUE ME QUEMA EL ALMA
QUE ME AMA





