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La chandelle ne vaut rien

Je suis aveugle on me plaint
Et moi je plains tout le monde
Mes deux yeux ne sont plus pleins
Car ils ont perdu leur bombe
Dans un malheur comme le mien
Tu t'en, tu t'en, tu t'en moques
La chandelle ne vaut rien
Je me lve ds le matin
Je m'en vais d'village en village
L'un me donne un bout de pain
L'autre un morceau de fromage
Et quelques fois par hasard
Tu t'en, tu t'en, tu t'en moques
Un petit morceau de lard
Je me moque du mercier
Et de toutes ses cassettes
Je n'use point de papier
Encore moins de lunettes
J'ai pour peigne mes dix doigts
Tu t'en, tu t'en, tu t'en moques
Mes deux manches pour mouchoir
J'ai mon chien et mon bton
Mes deux compagnons fidles
L'un me mne tton
L'autre au bout d'une ficelle
N'aimeriez-vous pas bien mieux
Tu t'en, tu t'en, tu t'en moques
Ces deux guides que deux yeux
Si jamais me venait un fils
Dans cette agrable vie
Je prierais bien le Bon Dieu
Aussi la Vierge Marie
Qu'ils lui crvent les deux yeux
Tu t'en, tu t'en, tu t'en moques
Pour en faire un vieux luneux

I've got nothing to hold on to...


As you lie before me now, like a shadow
On a pea green sea
Never thought that I could find you so hollow
Laying into me

But this cup of wine
All salt and brine makes me sleepy
A sorrow so
A field of tears that will never yield a single penny
But I don't know
I've got nothing to hold on to

Wished for gold so I could buy you a palace
By the riverside
You'd come in and I would fill your diamond chalice
You were still alive

But this cup of wine
All salt and brine makes me sleepy
A sorrow so
A field of tears that will never yield a single penny
But I don't know
I've got nothing to hold on to
I've got nothing to hold on to

Were you sleepless, tearing at the air?
Was the water everywhere?
Were you fretful, to wade into the room?
I'd been wanting to hear from you
Oh, no

Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
You're weary, lay him down
You did your time so thank you very much
Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
So now your hopes are all laid
But you hand it all away

Did his eyelids fix on empty chairs
You had traveled to lay beside?
A gentle torture to watch it all recede
And all the while your mother slept beside him
Oh, no

Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
You're weary, lay him down
You did your time so thank you very much
Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
So now your hopes are all laid
But you hand it all away

Were you sleepless, tearing at the air?
Was the water everywhere?
Were you fearful, and long to run away
From the cold clasp of Illinois?
Oh, no

Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
You're weary, lay him down
You did your time so thank you very much
Hand it over (hand it over)
Hand it over (oh)
So now your hopes are all laid
But you hand it all away
But you hand it all away

La vieja lágrima de Urbina

Como en el fondo de la vieja gruta,
perdida en el riñón de la montaña,
desde hace siglos, silenciosamente,
cae una gota de agua,
aquí, en mi corazón oscuro y solo,
en lo más escondido de la entraña,
oigo caer, desde hace mucho tiempo,
lentamente, una lágrima.¿Por qué resquicio oculto se me filtra?
¿De cuáles fuentes misteriosas mana?
¿De qué raudal fecundo se desprende?
¿Qué remoto venero me la manda?
¡Quién sabe... ! Cuando niño, fue mi lloro
rocío celestial de la mañana;
cuando joven, fue nube de tormenta,
tempestad de pasión, lluvia de ansias.
Más tarde, en un anochecer de invierno,
mi llanto fue nevasca... Hoy no lloro... Ya está seca mi vida
y serena mi alma.
Sin embargo... ¿Por qué siento que cae
así, lágrima a lágrima,
tal fuente inagotable de ternura,
tal vena de dolor que no se acaba?
¡Quién sabe...! Y no soy yo: son los que fueron;
mis genitores tristes; es mi raza;
los espíritus apesadumbrados,
las carnes flageladas;
milenarios anhelos imposibles,
místicas esperanzas,
melancolías bruscas y salvajes,
cóleras impotentes y selváticas.
Al engendrarme el sufrimiento humano,
en mí dejó sus marcas,
sus desesperaciones, sus angustias,
sus gritos, sus blasfemias, sus plegarias.

Es mi herencia, mi herencia la que llora
en el fondo del ánima;
mi corazón recoge, como un cáliz,
el dolor ancestral, lágrima a lágrima.
Así lo entregará, cuando en su día,
del seno pudoroso de la amada,
corporizados besos, otros seres,
transformaciones de mi vida, salgan.

Estoy frente a mi mesa de trabajo.
La tarde es linda. Alumbra el sol mi estancia.
Afuera, en el jardín, oigo las voces
de los niños que ríen y que cantan.
y pienso: acaso, ¡pobres criaturas!,
sin daros cuenta, en medio a la algazara,
ya en vuestro corazón se filtra,
silenciosa y tenaz, la vieja lágrima...

Luis Gonzaga Urbina

Gilgamesh y Énkidu

Para mí no hay alegría, atravieso las puertas del dolor.

Para mí no hay alegría, atravieso todas las puertas.

No hay salida. No hay salida.

Cuán hermoso el cuerpo que acariciaba,

el cuerpo que acariciaba con tanto placer.

Cuán hermoso campo de suspiros,

el cuerpo que acariciaba...

Yerro. No conozco más el mundo.

A quien he querido ya no está conmigo.

Yerro, acierta mi destino.

Vapor de aguas profundas no me deja ver.

Aguas de muerte que atravieso con los ojos.

Acierta el gusano, un día, dos días, tres,

la vida, la eternidad, acierta,

el gusano sobre el cuerpo que acariciaba.

¡Cuán hermoso!

¡Hermosa arcilla! ¡Preciosa arcilla del apsu!

Has colmado de estremecimiento mi corazón,

de angustia mis venas,

¿A dónde me has llevado?

¿En dónde estoy?

No quiero que las aguas me toquen.

Para mí no hay alegría, atravieso las puertas del dolor.

Para mí no hay alegría, atravieso todas las puertas.

No hay salida. No hay salida.

Seis días, siete noches,

derramé mi semen.

Creí en la vida. Creí.

Me arrancaste de Uruk, corrí tras de ti,

Un día creí.

Seis días, siete noches,

contemplé mi semen.

Vacío blanco.

Seis días lloré,

siete noches me cubrí de tinieblas.

Salí de Uruk, subí a la montaña,

di muerte a los demonios,

salí de mí.

Para mí no hay alegría, me siento en todas las mesas.


Tomé tu cuerpo, que habitaba todos los cuerpos,

yací en tu regazo, gocé tu posesión,

tomé tu sexo de arcilla, yací contigo, oscuro apsu.

Caí, no me levanté antes del sexto día,

el séptimo me marché tras de ti.

Quise ofrecer un último beso al león,

un beso a la pantera, uno al cuervo,

muchos a los ojos de la tarántula.

¡y el agua tan dulce del río! ¡Oh Éufrates!

¡Viejas aguas donde abrevaba mi manada!

¡Amargura! Descubrí su amargura.

Te abracé, lloré semen sobre tu sexo de agua,

Te abracé, te prodigué brazos solares,

cerré las puertas y te acaricié.

No hay salida.

Estoy atrapado en la carne de dios,

dios que sangra, que eyacula.

¿En dónde estoy?

“¡Bah, qué sabes de la vida!” dijiste,

“Te llevaré a Uruk”, tomaste mi mano.

Yací con hieródulas que realzan sus formas,

que ajustan su seno y trenzan el peinado.

Me llevaste a Uruk.

Bebí, metí a mi cuerpo amarga cebada,

¡Qué sabía de la vida! Sólo gritos bestiales,

dolor animal suspendido en el río,

sólo conocía las miradas del terror.

¡Me dejaste sin hogar!

No hay camino de regreso, no sin lágrimas,

no sin visiones nocturnas que torturan mi carne.

¿En dónde me has dejado?

No encuentro la salida.

Para mí no hay alegría.

Ninsut mi madre, Ninsut, la del prepotente bramido,

Ninsut me ha mentido,

¿Por qué parir a este dictador?

Mi madre no conoce el mundo

¿Por qué tanta mirada de ternura? ¿Por qué el falso consuelo?

“Vendrá a ti el amor, su poder será grande,

como un trozo de cielo será grande su vigor,

como a una esposa lo acariciarás, de ninguna manera te abandonará”

¡La mentira me ha dado a luz!

¡Acierta el gusano!

¡La arcilla no miente!


Entro al apsu, quito de mi cuerpo las sandalias,

el manto y el cinturón,

tiro el cetro, la corona, entro al destino.

Yerro. No conozco más el mundo.

A quien he querido ya no está conmigo.

Contemplo el rastro de mis lágrimas blancas,

mis humedades, mi oscura voz,

todos los sexos de mis suspiros,

todas las formas de la arcilla.

Cuán hermoso el cuerpo que acariciaba,

el cuerpo que acariciaba con tanto placer,

el cuerpo que trabó mi cuerpo en lucha.

Como dos astros que chocaban.

Como dos toros, dos bramidos,

¡se estremecieron los muros!

Cuán hermosa arcilla moldeé

caja de gusanos que arrancaba el corazón.

¡Cuánto te amé!

¡Todas tus encarnaciones!

Por ti desprecié lo alto, rompí el cristal del cielo,

cayeron las nubes, cayeron las estrellas,

hice llorar a los dioses, rompí el gozo del cielo.

Y ahora me abandonas,

ahora duermes, no escuchas.

¡Despierta! ¡Despierta!

Arranca al gusano de la noche,

invisible gusano de tormenta,

¡Abre los ojos! Disipa la tiniebla.

Cansado estoy de llorar, cansado de creer.

Para mí no hay alegría, atravieso las puertas del dolor.

Para mí no hay alegría, atravieso todas las puertas.

No hay salida. No hay salida.

Casida del llanto


He cerrado mi balcón

porque no quiero oír el llanto

pero por detrás de los grises muros

no se oye otra cosa que el llanto.


Hay my pocos ángeles que canten,

hay muy pocos perros que ladren,

mis violines caben en la palma de mi mano.


Pero el llanto es un perro inmenso ,

el llanto es un ángel inmenso,

el llanto es un violín inmenso,

las lágrimas amordazan el viento,

y no se oye otra cosa que el llanto.


Federico García Lorca.

Sol Niger


El Sol Negro es un poderoso símbolo de la antífrasis, sinónimo de la desilusión, del camino inverso, de la carencia, el vacío por exceso, pero sobre todo es conocimiento (por algo es "sol"), sapiencia ennegrecida por el contacto profundo con la materia. Conocimiento que no redime, que sólo duele.

Dios y el caos de la belleza


Caminaba en medio de una procesión, me conducía el viejo maestro, anciano, barbado, cabello cano, traje oscuro y una imposición de respeto y temor, me llevaba al callejón 19600, ahí me llamaba la atención una mujer que vendía escapularios... Me encontraba a la altura de un templo (construido hacia 1915 o 1965), debía llegar a la iglesia gótica que se encontraba justo al otro extremo del callejón, majestuosa, imponente, magnífica, la más alta que jamás se haya edificado. Esta iglesia era el templo de los desposeídos, éstos se arremolinaban en el amplio atrio para entrar, el privilegiado que podía acceder hasta el campanario podía hacer sonar la campana, según el uso corriente de la tradición vigente, pero este privilegio estaba unido a un riesgo, el caer desde la máxima altura. Yo conseguía este honor. En las alturas me encontraba con un tipo que hacía las veces de atalaya, me invitaba, a mí y al maestro, a comer algo, parecía no importar que fueran las cuatro de la mañana. Se nos unían tres tipos, de los muchos drogadictos, ebrios y mendigos que abundaban en esa iglesia. El atalaya nos explicaba el rito principal, un rito popular excepcional: alguien cubría con una manta negra a otro, al parecer a Dios… Entre tanto lograba distinguir a mi madre, me emocionaba y quería contarle que había sido yo quien había tocado la campana esa ocasión y a su vez mostrarle la iglesia entera… Al lado de la iglesia había una gran explanada bordeada por dos cascadas que confluían en un lago desde el cual nacían dos enormes pirámides, una en cada extremo. La vista era excepcional, acentuada por un atardecer hermoso… Yo llevaba una hierba especial en el morral, me revisaba un retén en la entrada-salida del callejón, me echaba a correr, la policía comenzaba a perseguirme pero pude escapar.
De nuevo EL CALLEJÓN 19600 ¡OTRA VEZ!, el maestro entraba por el mismo lugar, la señora de los escapularios me repetía el nombre del lugar, sé que encontraré la iglesia de 1915. Hay mucha gente, me parece un gran carnaval, estoy en medio de tal muchedumbre. Desde lo alto el atalaya me mira, se ríe de nuevo, sabe que he regresado. Siguen escondiendo a Dios, lo sé, lo sé, Él corre al lado de nosotros… Ahora reconozco a una chica de unos 35 años, un tipo de unos 20 y otro que no logro reconocer, al lado estoy yo con una edad de 50 años, se trata de mi espíritu que está atento a sus hijos (los tres tipos antes referidos). Yo estoy llorando, pero estoy muerta...me veo...veo mi envejecido fantasma que mira a los tres personajes. Estos se meten en una calle donde hay una pequeña casa y un jardín con dos tumbas, una es de mi esposo.

Ellos van a cortar flores de su tumba, eran crisantemos... ....los cortan para llevarlas a mi tumba...no se dónde estoy enterrada.

Mientras continúo caminando en medio de la muchedumbre alguien sube a la punta y suenan las campanas. El maestro estudiaba todo con serenidad, entendía lo que sucedía, no se asombraba… La gente se arremolinaba en la entrada de la iglesia, bajaban al cristo de la cruz, lo cargaban, lo pasaban por encima de mano en mano… Todo era un caos, un sacerdote pasaba esparciendo agua bendita mientras afuera parece suceder algo verdaderamente terrible, pero yo no sé nada… Todo se repite, el callejón, la salida, el retén, el escape… esta vez no sé si lograré escapar, pienso que debería haberme desecho de la hierba, tengo miedo, me echo a correr, mucha gente estorbándome, estoy en el metro, caigo a las vías pero no me sucede nada, logro subir a un vagón, los policías me miran desde afuera de manera amenazante. De nuevo, me río, sé lo que va a suceder, no pregunto más por la calle, pero miro a la señora de los escapularios, ella me mira también, sonríe, sabe que he regresado, pero ahora me angustia su sonrisa. Todo se repite de nuevo, 19600, el callejón, sé que al final está 1915, en el atrio el viejo maestro observando todo, mi madre parece también mirar todo pero al parecer está ciega (!). Alguien está subiendo, va a tocar la campana. El caos que rodea la escena parece aún mayor. La gente más pobre de la ciudad sigue pasando de mano en mano al cristo, pero éste ha dejado de ser tal y luce más bien como un borracho, lastimado y lleno de estiércol. Pienso gritarles que no es cristo. La gente no me mira, no puedo hacer nada. El sacerdote sigue esparciendo agua bendita sobre la muchedumbre. El atalaya esta vez llora, quiere hablarme, explicarme qué significa todo eso, pero no puedo escucharlo. El tipo de la capa pasa de nuevo, grita y llora, ya no esconde a nadie bajo su capa. No pude ver a dios. Mucha gente con mascaras grotescas de animales y arlequines. Me asusto, pienso que harán algo con el cristo. Suenan las campanas de nuevo, alguien sube. Corro a donde está el anciano maestro... mi madre se ha ido, siento que jamás volveré a verla. El maestro me dice que ha sido la última vez, que nadie más podrá subir a la punta, se hinca y llora también. Le pregunto qué sucede, no me responde. La gente me empuja, me tira al suelo, pasan por encima del maestro y de mí. Quiero subir, quiero saber porqué ya no podrá ser. El maestro señala hacia arriba, pero la gente me impide ver qué es lo que él mira, sólo veo el rostro del cristo, está en lo alto del campanario, pero no sé qué sucede..... De nuevo la salida, debo correr, el retén... Pienso que esta vez puedo cambiarlo todo, tiro la hierba muy cerca, empiezo a correr de nuevo pero me detiene el llanto del maestro, regreso, me quedo a su lado, miramos al campanario, sigo sin entender lo que sucede, sólo miro al campanario y empiezo a llorar también.

(El sueño se repitió tres veces la misma noche)

Habitación eterna

¿Por qué me rendí? Yo era feliz con el pan de mis tristezas, con mi manto negro, con mi sardónica existencia. Era un demonio entretenido con las palabras que engendraban mundos. Tuve un accidente y nadie estuvo ahí para ayudar. Todos se han alejado de mí, por fin han reconocido mis prójimos que soy una plaga, lepra, peligro, desarmonía, lágrimas, desamparo, vacío, insatisfacción, fealdad, escalofrío, fiebre, insania furibunda. Por una extraña razón me alegro de que todos me hayan abandonado, ya nada me ata a la realidad. Viviré en la locura, en la existencia patológica, pondré diques a mi averno para que nadie ose interrumpir su tiniebla, pintaré de ligereza sus paredes, para que me parezca soportable la habitación eterna, cubriré con flores muertas los pasillos para recordarme que todo muere, que ninguna belleza es eterna.

Hermana, hazme llorar

Fuensanta: dame todas las lágrimas del mar.
Mis ojos están secos y yo sufro
unas inmensas ganas de llorar.
Yo no sé si estoy triste por el alma
de mis fieles difuntos
o porque nuestros mustios corazones
nunca estarán sobre la tierra juntos.
Hazme llorar, hermana,
y la piedad cristiana
de tu manto inconsútil
enjúgueme los llantos con que llore.
el tiempo amargo de mi vida inútil.
Fuensanta:
¿tú conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
que el pesar.
Yo no sé ni por qué quiero llorar:
será tal vez por el pesar que escondo,
tal vez por mi infinita sed de amar.
Hermana: dame todas las lágrimas del mar......

Ramón López Velarde


Si el llanto de las mujeres pudiera fecundar la tierra, de cada gota nacería un cocodrilo.
Shakespeare

Job

y vino y puso cerco a mi morada y abrió por medio della gran carrera.
Fray Luis de León. tr. del libro de Job.

Él fue quien vino en soledada callada,
ymoviendo sus huestes al acecho,
puso laso a mis pies, fuego a mi techo
y cerco a mi ciudad amurallada.

Como lluvia en el monte desatada
sus saetas bajaron a mi pecho;
Él mato los amores en mi lecho
y cubrió de tinieblas mi morada.

Trocó la blanda risa en triste duelo,
convirtió los deleites en despojos,
ensordeció mi voz, ligó mi vuelo,

hirió la tierra, la ciñó de abrojos,
y no dejó encendida bajo el cielo
más que la oscura lumbre de sus ojos.

Concha Urquiza